Los encantos de esta ciencia sublime, las matemáticas, sólo se le revelan a aquellos que tienen el valor de profundizar en ella. Carl Friedrich Gauss

sábado, 2 de marzo de 2013

LA TAREA ESCOLAR ES ALGO QUE LE PERTENECE AL NIÑO

Una nota que todos los adultos involucrados en la educación de los niños debiéramos leer y releer.


La profesora María José Borsani analiza la figura del adulto en la formación de hábitos

"El niño necesita que el adulto paute y organice su horario", dice la educadora María José Borsani. (Foto: A. Amaya / La Capital)

Comienzan las clases y los padres suelen plantearse todos los años las mismas inquietudes e interrogantes con respecto a las tareas escolares, la planificación de las diferentes actividades y la decisión de recurrir o no a una maestra particular. La profesora en educación especial y terapista ocupacional, María José Borsani, reflexiona sobre estas cuestiones cotidianas y destaca el rol del adulto en los procesos de aprendizaje.
"Los padres de hoy tienen temor de exigirles demasiado a sus hijos y a menudo los escucho decir: «No lo puedo sentar para hacer la tarea». Los adultos transmiten un mensaje contradictorio cuando desconocen en la casa las obligaciones de la escuela, y el niño como sujeto del aprendizaje queda sumergido en aguas ambiguas, donde a veces se desdibuja la figura del adulto. Los chicos necesitan padres seguros y convencidos de lo que hacen, con mensajes claros que no descalifiquen al docente y que logren jerarquizar la producción intelectual y el trabajo pedagógico. Si bien es cierto que los niños se cansan al hacer las tareas, no existe aprendizaje sin esfuerzo", remarca en referencia al ámbito escolar, un escenario cuyos demandas y vínculos se vuelven cada vez más complejos.
—La mayoría de los chicos comienza el año cargada de actividades extraescolares, ¿no conviene evitar tanta exigencia al principio?
—Los padres deben jerarquizar las actividades que les proponen a los chicos porque no todas están en igualdad de condiciones. Los niños tienen que saber que hay prioridades como cumplir con los requisitos de la escuela, es decir hacer la tarea, estudiar, preparar el material y los útiles. Todas estas cuestiones que hacen a la vida escolar, durante los meses de vacaciones han quedado en el olvido y cuestan poner en marcha nuevamente. Por eso es conveniente esperar hasta mediados de marzo o abril para incorporar otras actividades porque también el cuerpo y la psiquis han estado de vacaciones, y cuesta mucho retomar de pronto los horarios y esfuerzos. El niño no asume la idea del tiempo y el espacio de igual manera que el adulto.
—Algunos padres buscan el apoyo de una maestra particular apenas comienza el ciclo escolar. ¿Es acertada esta decisión?
—Hay que evaluar cada situación en particular, no todos los padres pueden recurrir a una maestra aparte porque no pueden llevarlo o disponen del dinero. Es cierto que muchas veces se delega la función de un padre en una maestra particular y es probable que esta postura de comenzar el año así, responda a la imposibilidad de los padres de poner a sus hijos a trabajar. Es necesario dejar en claro que la tarea escolar es algo que le pertenece al niño, no es un castigo ni algo terrible, y debe estar pactado entre el docente y el alumno, y supervisado por el adulto. Forma parte de los hábitos que adopta un niño para transformarse en estudiante. La mayoría de las actividades que se asignan como tarea refuerzan algo enseñado en clase, y por lo tanto el alumno puede realizarla solo si el docente le transmite confianza. La tarea no es para el padre, su función es la de supervisar y acompañar al niño. Esto es algo muy importante que todos los años es conveniente recalcar. Es tan importante la correcta indicación del docente hacia el niño como la aceptación del rol que cumple el padre en relación a la tarea.
—¿Cómo acompañan los padres el momento de la tarea?
—Del mismo modo que acompañan a su hijo en otras actividades cotidianas y le enseñan a anudarse los cordones, vestirse o subrayar. No se trata de ejercer una supervisión extrema ni hacer las cosas por él sino ayudarlo a que sea él quien pueda cumplir con sus tareas y su lugar de alumno ante el docente. En esto no hay recetas, depende de las características de cada familia, en donde no siempre se ocupan los padres de acompañar el aprendizaje del niño, a veces lo hace un abuelo, un hermano mayor o alguien que queda a cargo de la casa cuando no están los padres. Es una construcción que surge en el seno de cada familia en estrecha relación con los docentes. Los padres necesitan a veces estar acompañados, principalmente durante la escolaridad del primer hijo, y suelen buscar la palabra del docente como eje conductor.
Hábitos y horarios
—¿Es aconsejable crear hábitos y horarios para hacer la tarea y establecer también un régimen bastante estricto y metódico dentro del hogar?
—Por supuesto, aunque con la flexibilidad lógica de retrasarla o adelantarla si un día a esa hora tiene que ir al dentista o a un cumpleaños. El horario puede ser durante la siesta, antes de una actividad deportiva o cuando regresa su mamá del trabajo, de esta manera el niño se habitúa a ese momento y lo espera, y no se convierte en un drama sino en otra actividad más de su vida. Los chicos viven en una arbitrariedad temporal que necesita ser ordenada. Los hábitos pedagógicos que no se adoptan a temprana edad son difíciles de incorporar con el tiempo, por eso el niño necesita que el adulto paute y organice su horario así como requiere también de horas de juegos y esparcimiento, y no solo momentos.
—Sin darse cuenta, los adultos acostumbran a comparar las notas o el rendimiento de su hijo con las de un hermano o compañero...
—Esto es algo que sucede con frecuencia, incluso en la puerta de la escuela, los padres suelen sacar los cuadernos y entre ellos comparan la producción que han hecho sus hijos. En realidad, lo interesante sería pensar que cada chico tiene un proceso de aprendizaje que le pertenece y acompañarlo para que pueda pensar su progreso en relación a sus posibilidades, haciendo hincapié en que ha podido superar su propia expectativa.
—¿Considera que los padres escuchan hoy a sus hijos y están atentos a sus inquietudes?
—En estos momentos, se vive de una manera tan vertiginosa y competitiva que en algún momento esto se traslada a los niños, donde a veces no hay espacios para preguntarle qué le ha pasado en relación a su aprendizaje, el por qué de una nota baja o el motivo que lo llevó a no copiar todo del pizarrón. En cambio de recurrir a la pregunta, aparece la sanción, la recriminación y el reto.
Cambios
—¿Cómo fue variando a través del tiempo este vínculo entre padres, hijos y docentes con respecto al aprendizaje y la tarea?
—Mi generación se formó en la cultura del esfuerzo y el trabajo, en una responsabilidad inapelable en relación a lo que el maestro nos decía. Esto se ha flexibilizado y tiene sus pro y sus contra, en buena hora que el vínculo se allanó en muchos espacios, pero en algunos casos la flexibilización ha sido extrema y se ha desdibujado el lugar del docente al punto de quedar desautorizado por los padres. Esto no es una generalidad y depende mucho del carácter de cada uno. La función del maestro consiste en llevar adelante un proceso de aprendizaje y formación de los niños dentro de la escuela, opacada por ciertas confusiones vinculares donde a veces los padres sostienen demandas excesivas y por momentos reclaman a la figura del docente cuestiones que hacen a la función paterna.
—¿A qué edad los chicos comienzan a adquirir mayor independencia y responsabilidad para organizar sus tiempos y estudio?
—El desprendimiento es paulatino, hay niños que a mediados de primer grado comienzan a hacer sus tareas solos así como hay otros que necesitan que sus padres los acompañen por más tiempo. No se trata de medir la ayuda del adulto sino la responsabilidad que el niño adopta ante la tarea, y aquí es donde comienza a aparecer la autonomía como algo lógico. Esta condición que todos queremos lograr en los niños no aparece de la noche a la mañana. Es frecuente escuchar a los padres que dicen "este año hasta acá te acompañé, basta" y de pronto el niño se encuentra sin el apoyo que en otros momentos quizás ha sido excesivo. Hay que comenzar a dejarlos solos en aquellas actividades en las que tenemos la certeza de que el niño puede resolverlo sin ayuda. El padre siempre acompaña el proceso escolar tanto de la primaria como de la secundaria, y el niño tiene que saber que siempre estará presente la figura del adulto.


Por Paulina Schmidt / La Capital

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